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A lo mejor…

A lo mejor solo era ser fantasioso, Caroline podía ser la persona más irritantemente divertida, y podría estar aquí en Seacrest Manor durante las próximas cinco semanas, pero pronto se iría, y no era la clase de mujer con quien uno perdería el tiempo, era la clase con la que uno se casaría.

Blake no se iba a casar, nunca, así que iba a tener que dejarla sola. Aun así, él pensó con el típico razonamiento machista, no le haría ningún daño mirar…

Él miraba descaradamente su perfil mientras ella estudiaba la ventana, el brazo derecho de ella se levantaba y bajaba como si mentalmente midiera su altura; volviendo su cara hacia él repentinamente, ella casi perdió el equilibrio sobre la suave hierba. Ella abrió su boca, parpadeó y después la cerró, entonces la volvió a abrir para decir

– ¿Qué estabas mirando?

– A ti.

– ¿A mí? – dijo con voz chillona – ¿Por qué?

Él encogió los hombros.

– No hay mucho más que mirar ahora, ya hemos dejado claro que es mejor para mi carácter no prestar demasiada atención al jardín.

– ¡Blake!

– Es más, estoy disfrutando bastante mirando como trabajas.

– Perdona, pero no estaba trabajando, estaba midiendo la ventana mentalmente.

– Eso es trabajo. ¿Sabías que tienes una cara muy expresiva?

– No, yo… ¿qué tiene eso que ver?

Blake rió. Era más divertida si se ponía nerviosa

– Nada – respondió – simplemente que podía seguir los procesos de tu mente mientras examinabas la ventana.

– Oh, ¿es eso malo?

– En absoluto. Aunque supongo que tu no querrás ganarte la vida siendo apostador profesional.

Ella rió con eso

– Desde luego que no, pero yo… – entrecerró sus ojos – si puedes decir tan bien lo que yo estoy pensando ¿qué creías que estaba pensando yo exactamente?

Blake se sintió joven y sin preocupaciones que le refrenaran, algo que él no había sentido en todos estos años desde la muerte de Marabelle, e incluso aunque sabía que esto no podía llegar a ningún sitio, le fue imposible parar, así que dio un paso adelante y dijo:

– Estabas pensando que te gustaría besarme otra vez.

– ¡No!

Él afirmó con la cabeza lentamente.

– Sí.

– Ni siquiera un poquito, quizá cuando estábamos en el estudio – ella se mordió el labio.

– Aquí, en el estudio ¿importa en realidad?

Ella plantó su mano libre sobre la cadera.

– Estoy intentando ser una colaboradora para tu misión u operación o como quiera que tu quieras llamarlo, ¡ y tu estás hablando de besarme!

– No precisamente, en realidad, estaba hablando de que tu querías besarme.

Su boca se abrió de golpe.

– Debes estar loco.

– Desde luego – acepto él acortando la distancia entre ellos – hacía mucho tiempo que no me comportaba así.

Ella lo miró a la cara, la boca de él se estremecía mientras ella susurraba

– ¿Ah no?

Él hizo un gesto negativo con la cabeza muy solemne

– Ejerces un efecto muy peculiar en mí, señorita Caroline Trent.

– ¿Efecto bueno o malo?

– Depende del momento – dijo con una sonrisa traviesa – es duro decirlo, pero tiendo a pensar que es bueno.

Él se inclinó y rozó sus labios con los de ella

– ¿Qué estabas diciéndome referente a la ventana? – le susurró él.

Ella pestañeó.

– Lo olvidé.

– Bueno – y entonces él la besó de nuevo, esta vez más profundamente, y con más emoción de la que él creía tener en su corazón; ella suspiró y se apoyó en él, permitiendo que sus brazos la envolvieran completamente.

Caroline dejó caer su bastón, extendió sus brazos alrededor de su cuello, y dejó de intentar pensar. Cuando los labios de él estaban sobre los suyos, y estaba abrazada tan cálidamente, le parecía que no tenía mucho sentido plantearse el entender si era una idea tan buena que él la besara. El cerebro de ella, que hacía unos segundos había estado procurando deducir si lo más probable sería que él rompiera su corazón, estaba ahora completamente ocupado buscando la manera de mantener este beso y seguir, y seguir, y seguir…

Ella se colocó más cerca, poniéndose de puntillas y entonces…

– Ouuuu… – ella se habría caído si Blake no la hubiera sujetado.

– ¿Caroline? – preguntó con expresión aturdida.

– Mi estúpido, estúpido tobillo – murmuró – lo olvidé e intentaba…

Él puso un dedo tiernamente sobre los labios de ella

– Es mejor así.

– Yo no lo creo – dijo ella abruptamente.

Cuidadosamente Blake quitó sus brazos de alrededor de su cuello y se apartó; movió su brazo rápida y elegantemente hacia abajo, para recuperar el bastón que ella había olvidado en el suelo

– No quiero aprovecharme de ti – dijo delicadamente – y en mi actual estado de ánimo y físicamente, soy propenso a eso.

Caroline quería gritar que a ella no le importaba, pero sujetó su lengua, habían llegado a un equilibrio delicado y no quería hacer nada que lo pusiera en peligro. Sentía algo cuando estaba cerca de este hombre, algo cálido, y cariñoso y bueno, y sabía que si lo perdía nunca se lo perdonaría. Había pasado tantísimo tiempo desde que ella tuviera una sensación de pertenencia, y que el cielo la ayudara, su lugar estaba en esos brazos.

El no se había dado cuenta todavía.

Ella respiró profundamente, podía ser paciente, porque, ella incluso tenía una prima llamada Patience [1], seguramente que eso debería servir para algo. Por supuesto, Patience vivía bastante lejos con su puritano padre en Massachusetts, pero…

Ella casi se abofetea en la cara, ¿Qué estaba haciendo pensando en Patience Merriwether?

– ¿Caroline?¿Estás bien?

Ella levantó la mirada y parpadeó

– Muy bien, estupendamente, nunca había estado mejor, es solo…, sencillamente…

– Sencillamente ¿Qué? – preguntó él.

– Pensaba. – dijo mordiendo su labio inferior – lo hago a veces.

– Un pasatiempo digno de elogio – dijo, asintiendo con la cabeza lentamente.

– Tiendo a distraerme de vez en cuando.

– Ya me di cuenta.

– ¡Ah, ¿sí?! Oh, lo siento.

– No importa. Es bastante curioso.

– ¿En realidad lo crees así?

– Raramente miento.

Los labios de ella se removieron en una mueca ambigua.

– Raramente, no es nada tranquilizador.

– En mi campo de trabajo no se puede subsistir demasiado tiempo sin una mentirijilla ocasional.

– Hmmmm. Supongo que si el bien del país esta en juego…

– Oh, si – dijo él con una sinceridad tan absoluta, que ella no podía creerlo.

Realmente no pudo pensar en nada más que decir además de

– ¡Hombres! – y no dijo esto con mucha gracia y buen humor.

Blake se rió entre dientes y la tomó del brazo para volver su cara hacia el edificio

– Ahora, ¿quieres decirme algo acerca de las ventanas?

– Oh, si, por supuesto, yo podría asirme pero estimaría que el fondo del alféizar de la ventana al sur del comedor de Prewitt Hall estaba igual al tercer parte luz de la ventana del estudio.

– ¿Desde abajo o desde arriba?

– De arriba.

– Hmmmm… – Blake examinó la ventana con ojo experto – esto serían unos diez pies de altura, no es una tarea imposible, pero quizá si algo engorrosa.

– Esa parece una manera extraña de describir tu trabajo.

El se volvió hacia ella con una expresión un tanto cansada

– Caroline, la mayoría de lo que yo hago es engorroso.

– ¿Ah, si? Habría pensado que es más bien intrépido.