—Porque las diferencias son el sine qua non de la evolución: sin diversidad no hay nada sobre lo que pueda actuar la selección natural y, sin selección natural, no hay nada que haga salir a una especie del limo. La psicología es como cualquier otra tendencia compleja: va a tener particularidades en todas partes del Universo. Y eso significa que habrá discusiones y toma de partido sobre temas fundamentales.
—Vale —dijo él. Soplaba una brisa fresca; Don hubiera deseado llevar manga larga—. Pero los temas morales sobre los que ellos discutan y los temas sobre los que discutamos nosotros no van a ser los mismos.
Sarah negó con la cabeza.
—Apuesto a que se enfrentarán a los mismos tipos de preguntas que nosotros, porque los avances en la ciencia siempre conducen a los mismos dilemas morales básicos.
Él le dio una patada a una piedra.
—¿Como cuáles?
—Bueno, pongamos por caso el aborto. Fue el avance de la ciencia lo que lo convirtió en un tema de primer orden; la tecnología para eliminar a un feto sin matar o mutilar a la madre es una innovación científica. Podemos hacerlo, pero ¿deberíamos hacerlo?
—Supongamos que los draconianos son realmente dragones… ya sabes, supongamos que son reptiles —dijo él—. Sé que probablemente no lo son; sé que el nombre se refiere a la constelación en la que están desde nuestro punto de vista. Pero sígueme el rollo. Si tuvieras una raza de reptiles inteligentes, entonces el aborto no sería un tema tecnológico. Aplastar el huevo en el nido no dañaría físicamente a la madre en ningún sentido.
—Sí, claro, por supuesto —respondió ella. La piedrecita a la que Don le había dado la patada estaba en su camino y la empujó hacia delante—. Pero eso no es el equivalente del aborto: el equivalente del aborto sería destruir el huevo fertilizado antes de la puesta, mientras aún está dentro de la madre.
—Pero algunos peces se reproducen haciendo que la hembra expulse al agua los huevos sin fertilizar y el macho eyacula semen en el agua, de modo que la fertilización tiene lugar fuera del cuerpo de la hembra.
—Vale, bien —dijo Sarah—. Seres así no enfocarían el tema del aborto del mismo modo, pero, claro, como dije en Tal como pasa, los seres acuáticos probablemente no tienen radio ni otras tecnologías.
—A pesar de todo, ¿por qué es el aborto un tema moral? Quiero decir, lo es para nosotros porque creemos que en algún momento un alma entra en el cuerpo: el problema es que no podemos ponernos de acuerdo de qué momento es ése. Pero en el mensaje alienígena no se hace ninguna mención al alma.
—El «alma» es una excusa para discutir la cuestión de cuándo empieza la vida, y eso sí que es un debate universal… al menos entre las razas que buscan inteligencia en las estrellas.
—¿Porqué?
—Porque la búsqueda de inteligencia en las estrellas es una actividad que indica que la vida, como opuesto a la no-vida, es importante; que encontrar vida tiene sentido. Si no te preocupara la diferencia entre vida y no-vida, sólo te dedicarías a la astronomía, no a la búsqueda de inteligencia. Y dónde trazar ese límite será siempre interesante para la gente que valora la vida. Me refiero a que la mayoría de la gente estaría de acuerdo en que está mal matar a un perro sin ningún motivo, porque un perro está indudablemente vivo… pero ¿está vivo un embrión? Eso sí es debatible; todas las razas tendrán que definir dónde comienza la vida.
—Bueno, comienza en la concepción o en el nacimiento, ¿no?
Sarah negó con la cabeza.
—No. Incluso aquí en la Tierra hay culturas en las que no se pone nombre a los hijos hasta que no han vivido cuarenta días, e incluso he oído argumentar que los bebés no son personas hasta que cumplen tres años o así… Hasta que empiezan a tener recuerdos permanentes y a largo plazo. E incluso entonces, sigue habiendo margen para el debate moral. Sabemos que los dracos se reproducen sexualmente, combinando sus genes al hacerlo; eso queda claro en su mensaje. Y sospecho, por cierto, que ese tipo de reproducción será común en todo el Universo: proporciona un gran impulso a la evolución, aporta una nueva «mano genética» con cada generación y evita tener que esperar a que un rayo cósmico irradie al azar un ser que sólo produce copias exactas de sí mismo. Recuerda, la vida apareció por primera vez en este planeta hace cuatro mil millones de años, y se pasó los tres mil quinientos primeros millones siendo básicamente igual. Pero cuando se inventó el sexo, hace quinientos mil millones de años, en la explosión cámbrica… ¡bum!, de repente la evolución avanzó a pasos agigantados. Y cualquier raza que se reproduzca sexualmente bien puede discutir sobre la ética de destruir una combinación única de material genético aunque siempre haya sostenido que no está viva hasta el momento del nacimiento.
Don frunció el ceño.
—Eso es igual que considerar un dilema moral preocuparse por la destrucción de copos de nieve. Que algo sea único no lo convierte en valioso… especialmente si cada entidad es única.
Una ardilla cruzó la carretera delante de ellos.
—Además —continuó Don—, hablando de evolución, ¿no se resuelve por sí solo el tema del aborto, con el tiempo suficiente? La selección natural favorece obviamente a quienes eligen la opción pro-vida sobre aquellos que eligen abortar, porque todo feto que abortes es un conjunto menos de tus genes que va por ahí. Esperas suficientes generaciones y estar a favor del aborto habrá sido eliminado de la población.
—¡Santo cielo! —dijo Sarah, sacudiendo la cabeza—. ¡Qué idea tan revolucionaria! Pero, incluso así, eso sólo se cumple si el deseo de reproducirse es pasajero y no tiene nada que ver con que la criatura llegue a la edad de reproducirse sin invertir demasiados recursos. Quiero decir, mira a Barb y Barry: han dedicado su vida básicamente a criar a Freddy.
Barb era la prima de Sarah, y su hijo un autista profundo.
—Quiero mucho a Freddy, naturalmente, pero en la práctica ha sustituido a potenciales hermanos que hubiesen requerido bastantes menos recursos y probablemente les habrían dado nietos a Barb y Barry.
—Sabes tan bien como yo que un número pequeñísimo de abortos se realizan por defectos en el feto —dijo Don—. Demonios, hace siglos que se aborta y sólo décadas que se hacen resonancias. El infanticidio es una cosa, pero…
—La depresión posparto tiene sus raíces evolutivas en que la madre reconoce que no tiene recursos para asegurar que aquel retoño concreto sobrevivirá hasta la edad fértil y por eso conserva su inversión paternal cortando amarras con el niño. Lo mires como lo mires, la evolución conservará mecanismos que no siempre conducen a tener más hijos. Además, dejando a un lado el aborto, sigo creyendo que la mayoría de las razas se enfrentarán a temas morales muy similares a medida que desarrollen tecnologías que les den más poder. Sé que los alienígenas no mencionaron a Dios…
—Así es —dijo Don, petulante.
—Pero toda raza que viva lo suficiente acabará por tener que lidiar con las consecuencias de jugar a ser Dios.
Estaba cayendo la noche; las farolas de la calle se encendieron.
—«Dios» es un término muy complejo.
—Tal vez, pero no tiene muchos sinónimos: si defines a Dios como el creador del Universo, todas las razas que vivan lo suficiente acabarán por convertirse en dioses.
—¿Eh?
—Piénsalo. Acabaremos pudiendo simular la realidad tan bien que será indistinguible de… bueno, de la realidad, ¿no?
—Uno de mis autores favoritos dijo una vez: «La realidad virtual no es más que tocar en el aire una guitarra inexistente.»[4]