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Montgomery recuperó el color.

– Eso pertenece al pasado -contestó.

– ¿Una cura de desintoxicación?

– No, una cura de reposo.

– ¿Tan cansado está uno a los dieciséis años?

– Las crisis de adolescencia, ¿no sabe nada de eso? De todas maneras, eso fue hace mucho tiempo -se irritó-. Y no veo qué relación puede tener con el asesinato de mi hija.

El cantante no estaba acostumbrado a que le hablaran con ese tono. Estaba rodeado de gente que se pasaba el día recordándole lo fantástico que era.

– Deje de tomarme por tonto, Montgomery -dijo Epkeen-. Su hija hizo dos curas en una clínica especializada y, a esa edad, no hay muchas opciones: o se drogaba, o quiso poner fin a su vida. O ambas cosas a la vez. Kate no se sentía muy bien, siento mucho que se entere por mí: se han hallado decenas de cortes en su cuerpo, heridas que se hacía ella misma regularmente. Cutting, en la jerga médica: un intento de volver a la realidad para evitar el derrumbamiento psíquico total… -Epkeen le escupió el humo de su cigarrillo en la cara-. Hable o lo ahogo en su piscina de oro.

– ¿Algún problema, señor Montgomery? -inquirió Stevens.

– No, no…

El gluglú de la piscina cubrió el suspiro de la estrella.

– La madre de Kate era una actriz de talento pero algo… especial. Creía que había entendido que formar una familia no iba conmigo, pero se quedó embarazada y quiso tener al bebé convencida de que así me conservaría a su lado… Como mi carrera empezaba a despegar, Helen regresó a Inglaterra, dejándome a la niña… Era su venganza… Ya adolescente, Kate quiso volver a encontrarse con su madre pero la cosa no salió bien.

– Entonces empezó a drogarse -lo ayudó Epkeen-. Quizá ahora tuviera una recaída.

– No lo sé…

– La internó tras un intento de suicidio, ¿es eso?

– Ocurrió una vez -contestó Montgomery-, no quería que volviera a ocurrir.

– ¿Por qué ocultarlo?

– ¿El qué?

– Que su hija es una ex toxicómana depresiva.

– Con la cura de reposo y el seguimiento psicológico, Kate salió del hoyo -dijo-: ¡no veo que sea necesario hacer publicidad sobre el tema!

– Trato de saber qué tipo de presa era su hija -replicó Epkeen-. Alguien la atrajo a una trampa. Kate era vulnerable, y la droga parece la pista más evidente.

Montgomery toqueteaba nervioso su anillo de diamantes.

– Mire, teniente -dijo por fin-, aunque no he estado muy presente en la vida de mi hija, sí sé un par de cosas sobre ella:

Kate tuvo una infancia y una adolescencia difíciles, intenté pagarle los mejores colegios. Su vida no fue siempre un camino de rosas, pero Kate peleó, y se reconstruyó ella sólita. La droga ya no le interesaba. Quería vivir su vida, nada más. Quería vivir, ¿lo entiende?

– Sí, a golpe de cúter.

***

Brian no creía mucho en el azar, más bien en la conjunción de trayectorias. Volvía a la central tras su entrevista con Montgomery cuando, saliendo de su despacho como un obús, Janet Helms fue a parar literalmente a sus brazos.

– ¡¿Ha recibido mi mensaje?!

Epkeen retrocedió para hacer balance de la situación:

– No.

– He identificado un vehículo que podría corresponder a lo que busca -anunció la agente de información-: un 4x4 de marca Pinzgauer Steyr Puch, modelo 712K, filmado por la cámara de vigilancia de una gasolinera la noche del drama.

La muerte de Fletcher. Los ojos redondos de Janet estaban rojos de dormir poco y mal, pero la tristeza había dejado paso a una suerte de excitación. La siguió hasta el despacho vecino.

– La gasolinera en cuestión se encuentra en Baden Powell, la carretera que bordea False Bay hasta Pelikan Park -explicó, tecleando en su ordenador-. A las tres y doce de la madrugada… No se distingue la cara del conductor detrás de las lunas tintadas, y la matrícula resulta ilegible.

Epkeen se inclinó hacia las franjas grises de la pantalla. La carrocería era oscura. No se distinguían más que las manos del conductor, un blanco, o un mestizo…

– He investigado un poco -prosiguió Janet-: últimamente no se ha denunciado el robo de ningún Pinzgauer de ese modelo. He encontrado un 4x4 robado en la provincia del Natal hace dos meses, y otro en Johannesburgo a finales de año, pero ambos fueron quemados después de utilizarse en atracos a furgones de dinero. Así que he elaborado una lista de todos los Pinzgauer que están en circulación…

Badén Powell estaba apenas a dos kilómetros de la casa, y se podía llegar desde la pista.

– ¿En qué dirección iba el 4x4 cuando fue filmado? -preguntó Epkeen.

– Hacia el oeste. Es decir hacia Ciudad del Cabo.

O lo que es lo mismo, el camino opuesto al de los townships.

– ¿Alguno de los propietarios es de origen zulú?

– No, ya lo he comprobado. En lo que al color se refiere -prosiguió-, sólo tres vehículos coinciden con la descripción. He llamado a las agencias de alquiler, pero ninguna alquiló ese modelo el día del asesinato de Dan. En cuanto a las compañías privadas, sólo hay tres que lo utilicen: una agencia de turismo especializada en safaris, pero el vehículo no estuvo disponible durante toda la semana en cuestión. Queda un viñedo en el valle cerca de Franschoek, con el que no consigo ponerme en contacto, y ATD, una empresa de seguridad y policía privada. Quizá valga la pena ir a echar un vistazo…

Epkeen asintió. Janet Helms olía a lila.

***

Neuman no sabía quién le había filtrado la información a los medios de comunicación (según el forense, la mitad del equipo vendería hasta a su madre al primero que pasara, y la otra mitad al que pusiera un cero más en el cheque), pero, en plena campaña anticrimen, las revelaciones acerca del asesinato de Kate tuvieron un efecto desastroso. El salvajismo en la ejecución, la violación, el mechón de cabello y las uñas fetiche, la reivindicación tribal grabada en letras de sangre sobre el cuerpo de una joven blanca: el mito del «zulú» se cultivaba ya en todas las redacciones.

Primera etnia del subcontinente africano, los zulúes habían traumatizado a toda una época al aniquilar a un regimiento inglés [40] -antes de que éstos los aniquilaran a ellos-. Encargados de desbrozar los territorios hostiles, los pioneros bóers habían combatido a los zulúes con la misma saña, antes de hacinarlos en los bantustán del apartheid.

Ololo, «os matamos», se interpretaba como una advertencia y una amenaza contra la población blanca, la reminiscencia de una forma de etnocidio surgida de la mente enferma del asesino.

Los asesinatos reavivaban un pasado turbio, voluntariamente ocultado en nombre de la reconciliación nacional. La caída del Muro, el carácter ineluctable de la globalización y la personalidad tan especial de Mandela habían vencido al apartheid y a las guerras intestinas -todo el mundo recordaba la llegada al poder del líder del ANC, cuando el xhosa había levantado los brazos de sus peores adversarios, De Klerk, el afrikáner, y Buthelezi, el zulú, en señal de victoria. Nicole Wiese y Kate Montgomery eran las hijas de dos símbolos nacionales, el campeón del mundo del primer equipo multirracial y la voz de la nación arco iris: atacar esos dos símbolos era sencillamente inaceptable. En las redacciones más conservadoras, se leía entre líneas la mancha histórica de la violación de una blanca por un negro, esa vieja idea de promiscuidad en la que se mezclaban biología y política. Y para empeorar aún más las cosas, a todo ello venían a añadirse las sospechas de violación y de corrupción que pesaban sobre Zuma, el líder más populista del ANC…

Neuman salía de una entrevista difícil con el jefe de la policía cuando recibió el informe detallado de Tembo: el arma que había matado a Kate Montgomery era el mango de una azada, un bastón o una suerte de maza (la víctima tenía astillas de madera incrustadas en el cráneo). No se habían encontrado restos de esperma, pero sí de la droga que circulaba últimamente, que había dejado a la joven en un profundo estado de estupor. Había sido atada y amordazada con cinta adhesiva. El crimen era similar al de Nicole Wiese, salvo por la extraña mezcla que Kate tenía pegada en el pelo: un mejunje de hierbas.

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[40] El ejército inglés tenía la reputación de ser el mejor del mundo.